Bien contra mal. Un campeón para defender a la gente, el poder y la responsabilidad. Esta es la mejor película del director M. Night Shyamalan, un tributo a la mitología del cómic. Un guión inteligente, un desarrollo maduro de tópicos como la alienación y la familia, y un telón de fondo sobrenatural muy sutil. ¿Y quién podría olvidar la vuelta de tuerca al final?

M. Night Shyamalan hoy en día es una broma. En algún momento fue un gran director de cine, o por lo menos uno joven y prometedor que nos deslumbró con “The Sixth Sense” (El sexto sentido). Shyamalan la pegó bien ahí, pero después de cuatro películas bizarras, no tan inteligentes y con la misma vuelta de tuerca al final una y otra vez, ya no parecía un director joven y prometedor sino un one hit wonder. Tal vez two hit wonder, si somos generosos con “The Village” (La Aldea).

The next spilberg

La carrera post-sexto sentido de Shyamalan cuenta, entre otras, con joyas como la película de alienígenas desnudos que invaden la tierra pero se derriten al entrar en contacto con el agua, la película protagonizada por Mark Wahlberg donde lo persigue un algo invisible que obliga a la gente a suicidarse (uno, incluso, se tira debajo de una cortadora de pasto para morir). Además, está la película “The Last Airbender”, detestada por la crítica y repudiada por los fanáticos de la serie original.

Sin embargo, tal vez estemos juzgando demasiado pronto: aclamada por la crítica, ignorada mayormente por el público, “Unbreakable” demuestra que el ingenio y la profundidad de El sexto sentido no fue ningún accidente. De hecho, Unbreakable probablemente sea su mejor película, superando incluso su opera prima.

Título: Unbreakable (El protegido) Año: 2000 Duración: 106 min. Director: M. Night Shyamalan Reparto: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Spencer Treat Clark
Título: Unbreakable (El protegido) Año: 2000 Duración: 106 min. Director: M. Night Shyamalan Reparto: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Spencer Treat Clark

Los comics son una de las piezas fundamentales de la cultura popular del siglo XX. Discutir eso, hoy en día, es repetir la discusión de los críticos que a principios de ese siglo afirmaban que el jazz era una expresión marginal que no iba a tener mayor efecto en la cultura. Shyamalan entiende esto, y Unbreakable es su análisis y tributo a la mitología del superhéroe, mitología que tanto impactó en la cultura de Estados Unidos.

Unbreakable comienza con la historia de Elijah Price (Samuel L. Jackson), un niño que nació con una extraña enfermedad que debilitó sus huesos al punto que son como de cristal: cualquier esfuerzo o movimiento brusco puede romperlos. Confinado a una cama de hospital, Elijah recibe un cómic de manos de su madre, que le anuncia, adelantando la película, que es “una buena historia con un final sorpresa”.

Elijah Price, ya adulto y andando con un bastón y mucho cuidado, es el dueño de una galería de arte que se especializa en cómics. En una escena que define a Price, un cliente se encuentra admirando un dibujo original de un superhéroe luchando contra un villano. Price le explica las sutilezas del género, lo anima a observar los pequeños detalles que separan al bueno del malo: la mandíbula cuadrada del héroe, la cabeza grande y extraña del villano, el dinamismo de las figuras y el realismo de los cuerpos. “Me convenció, me lo llevo”, anuncia el cliente, que luego explica que es un regalo para su hijo de cuatro años.

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“Usted tiene que irse” le explica Price al cliente. “¿Ve algún telettubie aquí? ¿Tengo puesto un uniforme con mi nombre en una etiqueta? ¿Ve un niño meciéndose en helicóptero mecánico que se agita cuando le ponen monedas? ¿No? Porque eso es lo que vería en una juguetería. Y debe creer que está en una juguetería porque está comprando algo para un niño. Esto es una galería de arte” explica Price. “Y esto”, dice señalando el dibujo, “es arte”.

Pese a su devoción, Price es un hombre solitario y alienado. No encuentra su lugar en el mundo. Hasta que, de pronto, nos encontramos con la historia de David Dunn (Bruce Willis): un guardia de seguridad que sobrevive sin rasguño un accidente imposible. Un hombre, aparentemente, irrompible. Price está obsesionado: cree que Dunn, como si fuera un personaje de cómic, es un superhéroe.

Aunque en apariencia poco creíble, la teoría de Price parece irse confirmando a medida que conocemos la historia de Dunn. Ex jugador de fútbol americano, un atleta imparable con un futuro en las grandes ligas, estuvo en un accidente automovilístico junto a su actual esposa y, supuestamente, resultó herido y tuvo que dejar su carrera. Se convirtió en un guardia de seguridad del estadio donde antes competía. A sus cuarenta y tantos, David duda de su futuro y el divorcio parece inminente, lo que tiene a Joseph (Spencer Treat Clark), el hijo de la pareja, cada vez más angustiado.

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A medida que avanza la película descubrimos que su herida no fue tal: la esposa de Dunn quería que dejara el deporte y él usó el accidente como excusa. Había salido ileso, de nuevo, de forma imposible. Cuando Price lo confronta con estos hechos, David pone excusas e intentar ignorar la verdad. La cuestión se complica cuando Joseph escucha las ideas de Price y se convence de que tiene razón. Creer que su padre tiene un secreto y que es un superhéroe es más fácil que enfrentar el divorcio inminente de sus padres.

Ambos padre e hijo deciden probar la fuerza de David levantando pesas en el sótano de la casa. David se acuesta en la camilla y comienza a hacer repeticiones, con su hijo poniendo cada vez más peso. Una vez que ponen todas las pesas que encuentran en la casa, más dos baldes llenos de piedras, y David consigue levantarlo, se detienen.

En una de las escenas más tensas de la película, Joseph busca el revólver que David guarda en la casa y confronta a su padre. “No te preocupes, papá, voy a dispararte pero no pasará nada” le dice. En una actuación brillante de los tres actores que encarnan la familia, Joseph, desesperado, intenta que su padre admita la verdad y se arreglen las cosas con su madre. La madre intenta hacerlo entrar en razón, pero es David quien logra convencerlo: no de que no es un superhéroe, sino de que si Joseph dispara él se divorciará y se irá de la casa definitivamente. Joseph no dispara y devuelve el revólver.

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La situación ya es crítica. David llama a Price. “¿Qué tengo que hacer?”, le pregunta. Según sus colegas en el estadio, David tiene un don para saber cuando alguien va a causar problemas. Price le da la solución: ir a un lugar donde haya mucha gente, usar ese don, encontrar a aquellos que hacen el mal y enfrentarlos.
Esta es una película de Shyamalan y, como tal, tiene un final sorpresa. Sin embargo, las pistas están ahí para los que son suficientemente astutos para hacer ciertas conexiones, o para quienes conocen la mitología del superhéroe.

Elijah Price es frágil, David Dunn es irrompible. Tal cual el dibujo en la galería de arte, David tiene una mandíbula cuadrada y Price, con su peinado extravagante, tiene la cabeza más grande y extraña. Ambos suelen estar vestidos con colores opuestos. La cámara, cuando los captura juntos, tiende a jugar con los ángulos. Cuando David decide salir a la calle a enfrentar el mal se pone una capa para protegerse de la lluvia. David Dunn, su “identidad secreta”, es una aliteración, como la de Clark Kent, Peter Parker y tantos otros. Y mientras él tiene una enorme fuerza física, Elijah, por su padre, es débil pero tiene una gran capacidad intelectual.

Cuando David y Elijah se estrechan la mano al final de la película, David usa su don y descubre la verdad: él es el héroe, Elijah es el villano. Los “accidentes” de los que escapó David, al igual que otros que han ocurrido en la ciudad, fueron obra de Price. En su desesperación, sabiéndose frágil como el cristal, estaba buscando a ese otro irrompible que debía estar en algún lado. Los dos opuestos: el bien y el mal.

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“Ahora que conocemos tu lugar” le dice Price a David, “finalmente yo sé cuál es el mío”. “Debería haberme dado cuenta mucho antes. Por los niños. Ellos me llamaban Señor Cristal”.

Hoy en día el género de superhéroes domina la pantalla grande. Sin embargo, pocas películas del género ofrecen una reflexión sobre esa mitología. Al tomar a los arquetipos del héroe, del villano, y sacarlos de su elemento, poniéndolos en un mundo más parecido al nuestro y con personajes más cotidianos y tridimensionales, Shyamalan permite reflexionar sobre el impacto de los superhéroes. Plante muchas preguntas sobre la alienación, sobre la evasión y la relación entre el bien y el mal.

David Dunn no vive en la autocomplacencia de una fantasía de poder: es un hombre bueno que se debate por encontrar su papel y aceptar una responsabilidad que no eligió, sino que le fue entregada. Y para que el héroe exista, Elijah Price debe ser el villano: ante el caos de tener que hacer su propio lugar en un mundo que no lo acepta, Price prefiere cumplir con el rol del villano.

Unbreakable es, en cierta forma, una película intelectual sobre superhéroes, pero, a la vez, Shyamalan consigue hacer una película disfrutable, con acción, con diálogo inteligente y divertido. Lo que demuestra que, si bien es un director poco confiable que es capaz de dirigir películas soberbias y basuras tragicómicas, cuando está en su mejor momento es uno de los más lúcidos de su generación.

Por el Hombre Sandía.