Existe una creencia popular de que cuando viene el verano y uno va a la playa, hay que llevar libros chumingas para leer. Entran en esa categoría, generalmente, los más vendidos y de dudosa calidad literaria: Bucay, Osho, Paulo Cohelo (y todos los de autoayuda), 50 sombras de Grey, algún personaje famoso que haya sacado una biografía, el de Ludovica que curra todos los años con lo mismo, el de poemas de Belén Francese o el propio libro del farandulero Luis Ventura.

Se asocia a la playa con la joda y con que se piensa poco, por lo cual, uno debe adaptar sus gustos literarios a esa sensación. Es por eso que varios libros de mierda entran en la categoría de «playeros» y son los únicos aceptados socialmente para llevarse, como si pisar la playa implicara que te metieras en una cápsula gigante invadida de mal gusto

A mí me parece una pelotudez. El propósito de la lectura es entretenerte. Si vos habitualmente, durante el resto del año, te entretenés con los libros mencionados en primera instancia, me parece perfecto que los lleves a la playa. Pero si sos un lector habitual que no lee ese tipo de libros y pensás que tenés que llevarlos porque la sociedad te lo dice, sos un pelotudo, así como sos un pelotudo si adoptás el discurso de «yo no leo best sellers», porque te crees superior a todo el resto de la humanidad que sí los lee. Generalmente, muchos best sellers son destruidos por la crítica y al mismo tiempo adorados por mucha gente. Me pregunto: ¿no será que la crítica le está pidiendo a los libros algo que el público consumidor no necesariamente busca? A mí me encantan varios libros de Stephen King, Murakami, John Grisham y varios otros autores que son dejados de lado por la «crítica especializada» solo por el hecho de ser muy vendidos. No por eso me siento más pelotudo o menos culto.

Voy a hacer una lista de los que yo pienso son muy buenos libros para llevarse a la playa, sin importar si son best sellers o fáciles de leer. Simplemente son libros que me maravillaron y pretendo que los maravillen a ustedes también en la playa, donde generalmente uno tiene más tiempo de leer.

1) Después del terremoto – Haruki Murakami: Murakami es el autor vivo que más me gusta. Tiene dos tipos de libros, los fantásticos (con bichos raros que salen de por ahí, con mundos paralelos, con gente con poderes extraños) y los realistas, generalmente de amor. Este señor tiene la virtud de hacer libros realistas de amor que no son ni cursis ni guarangos, que llegan a emocionar y de cuyos personajes te terminás enamorando («Tokio Blues», «Al sur de la frontera, al oeste del sol») y de hacer libros del género fantástico que también estén llenos de realismo y sensibilidad («Kafka en la orilla», «IQ84″, Sputnik, mi amor», «El pájaro que da cuerda al mundo»). En esta oportunidad nos presenta 6 cuentos que mezclan ambos géneros y que tienen como contexto un terremoto que voló todo a la mierda en Japón en el año 1995. En algunos cuentos la catástrofe es el hecho principal. En otros, simplemente se la menciona por arriba. Un tipo es abandonado por la esposa, que queda en shock mientras ve noticieros con imágenes del terremoto. Una mina adolescente que se escapa de la casa y se va a vivir a un pueblo remoto, donde conoce a un tipo que se dedica a armar fogatas en la playa, una mina que se va de vacaciones a Tanzania y conoce a un chofer que dice tener la clave para que deje de sentir tristeza, a un empleado de una financiera lo contacta una rana (si, una rana) que le dice que solo él puede evitar otro desastre natural en Japón, matando a un gusano que cada vez que se enoja larga tanta ira que crea terremotos y un escritor que se mete en un triángulo amoroso son, en resumen, los cuentos de este volumen . Al leer el primero pensé que era casi imposible que el segundo lo superara, y así sucesivamente hasta el sexto, que en mi opinión es el mejor (y más largo). Ideal para llevar a la playa, pero si vas a estar varias horas te recomiendo llevar otro, porque no vas a querer soltarlo ni para meterte en el agua y lo vas a terminar enseguida

2) Cuatro amigos – David Trueba: Cuatro tipos que eran muy amigos y armaban todo tipo de jodas de adolescentes, ya maduros y pasando los 30, deciden armar unas vacaciones para recrear aquella época. Para eso, alquilan una combi medio chuminga y con olor a queso (no metafóricamente, sino porque era usada para distribuir lácteos), deciden dejar sus laburos y sus familias para escapar de sus problemas y hacer de cuenta que tienen 18 de nuevo. La condición es que no se lleven teléfonos celulares y obviamente, que no lleven a sus mujeres Uno de ellos se llama Solo y es el protagonista de esta historia, que la cuenta en primera persona y todo es visto desde su perspectiva. Es un tipo aún no superó la ruptura con su antigua novia, Bárbara, de la que aún sigue enamorado, y tiene muchos problemas con su familia. Raúl era el típico roto que vivía de joda garchándose a todas, pero ahora intenta adaptarse a su nueva vida de casado con dos hijos mellizos. Claudio es un tipo que no tiene muchas proyecciones de vida y que todo problema que tiene lo soluciona a las trompadas, y Blas es el gordito pelotudo del grupo, el moralista, el que aconseja al resto pero su vida es una mierda.
La novela es lo que sería una «road movie» si fuera cine. Vamos siguiendo los conflictos de los protagonistas en su viaje a través de la combi. Van apareciendo mujeres y reglas que se rompen. Terminan yendo a un prostíbulo donde Blas, el único que no quería ponerla, se queda afuera y rescata a una Rumana que era víctima de la trata de mujeres. Y eso es todo lo que voy a decir, porque deben reirse, emocionarse, sufrir y llorar junto a los 4.

3) Aerosmith es una mierda – Eduardo de la Puente: Primero que nada, les digo a los fans de Aerosmith que no tiene ningún tipo de crítica a la banda. Por otro lado les digo a los detractores que no encontrarán al autor diciendo que su música apesta. No es un libro de rock.
No recuerdo que me haya pasado tener que frenar algún libro porque me empezara a descostillar de la risa. Eso me pasó en dos de los cuatro cuentos que contiene este libro, escrito por el tipo que es más recordado por haber sido co-conductor de CQC que por su excelente carrera literaria en la que además de éste, tiene otros dos libros de relatos muy recomendables: «Por qué tarde tanto en casarme» y «Uno nunca sabe». En el primer relato seguimos a un periodista al que lo mandan investigar un caso de fenómenos paranormales en un pueblo que nadie conoce. Allí tratará el caso de una cucha maldita, y se encontrará  con milicos de lo más fachos, con borrachos y con perros endemoniados, entre otros. Está lleno de diálogos disparatados que, como me pasó a mí, te harán frenar el libro para reirte por un buen rato y luego seguir.

El segundo cuento también es de un periodista, pero en este caso especializado en centros de belleza. Allí es sometido a todo tipo de torturas, una más graciosa que la otra. Lo interesante es que el autor cuenta en el prólogo que se inspiró estando en un spa de verdad, en Colonia, y que la masajista no entendía como podía reirse tanto mientras le daba un masaje relajante.
El tercero es el cuento que da título al libro y es una discusión entre músicos, en la que uno de ellos le dice a otro que Aerosmith es una mierda porque hace baladitas, y ahí empiezan a nombrar varias bandas y a criticarlas. El autor advierte que para que sea gracioso debés conocer el 80% de la historia del rock. Sin embargo, mi viejo no sabe ni qué es una guitarra eléctrica y se cagó de risa.
El último es el más flojo de todos e intenta ser una sátira a los chetos que practican polo. Si conocés alguno de esos jóvenes-blancos-estancieros-camisita-polo-votantes-de-lacallito puede resultar más gracioso. Aún así, se va al carajo con lo absurdo.
Es un libro enteramente recomendable más que nada por los dos primeros cuentos. Hasta ahora, ni siquiera libros de Fontanarrosa, que es mi autor preferido de humor, me han hecho reír de esa forma.

4) Palabras Cruzadas – Gabriel Rolón: Todavía no sé si considero a Rolón un flor de chanta ladrón o un maestro. Cuando leí este libro, lo consideraba lo segundo. Después que me di cuenta que escribió un ensayo pelotudo sobre el amor y una novela que era igual a una de Irvin Yalom, me incliné más por lo primero. Pero hagamos de cuenta que esos traspiés no existieron y enfoquémonos en «Palabraz cruzadas».
Gabriel Rolón es uno de los psicoanalistas más importantes de Argentina. Este es el segundo libro del autor que al igual que el primero («Historias de diván») es basado en historias reales de sus pacientes. Como dice su título, cada palabra dicha por el paciente, que al principio podía no significar nada, termina siendo clave para la resolución del caso. En los 6 que contiene este libro hay de todo: angustia, miedos, sexualidad puesta en duda, lazos familiares, vínculos afectivos, trabajo, amor y su ausencia, adicciones, soledad, etc. Me pasó más o menos lo que me pasó con el libro de Murakami: cuando arranqué con el primer caso pensé que el siguiente no lo iba a superar, y así sucesivamente. Si Rolón se dedicara solo a escribir estas cosas y no a robar la plata con novelas o ensayos, sería un maestro. Para leer sin prejuicios, como lo hizo mi abuela, a la que le encantó.

5) La conjura de los necios – John Kennedy Toole: John Kennedy Toole era un escritor que tenía como 30 años y vivía con la vieja. No laburaba, pero estaba escribiendo esta novela, a la que creía una obra maestra. La presentó en varios lados y todos los editores se la rechazaron. Deprimido, a los 31 años y luego de varios rechazos, se suicidó. La novela fue publicada en 1980 tras la insistencia de su madre, Thelma Toole, que al igual que su hijo estaba convencida de que era una obra maestra. Percy, el editor que leyó tras varias insistencias de Thelma Toole y yo coincidimos: es una obra maestra. También coincido con Percy en que las primeras páginas no están tan buenas, pero a medida que avanza, uno no puede más que amar/odiar a su personaje principal, Ignatius Reilly.
Pero falta decir de qué trata. Ignatius J. Reilly es un pelotudo que vive con la madre. No trabaja, prácticamente no sale de su casa y vive morfando. Lo único que hace es escribir en unos cuadernos su visión del mundo y está convencido de que es una obra maestra. Cualquier similitud con el escritor es pura coincidencia. Un día, la madre que es flor de borracha choca con su auto y tiene que juntar bastante plata para arreglarlo. Es para eso que le pide a Ignatius que salga a buscar trabajo. Ahí es cuando empieza el contacto de este tipo con el mundo exterior, que provocará carcajadas en quien lo lea. Una maravilla, para leer en la playa o en cualquier lado.