Algunos contestan cualquier argumento sobre inseguridad con un “pensás eso porque nunca te pasó a vos”. “El Vengador Anónimo” (Death Wish) es esa falacia hecha película de acción setentera.

Arrancamos bien. El arquitecto Paul Kersey (Charles Bronson) y su bella esposa Joanna (Hope Lange) están en una playa veraneando. Un enamorado Paul empieza a sacarle fotos a su mujer. “¿No vas a compartirlas con nadie, verdad?” bromea ella. “¿Por qué no? Tienes una figura hermosa” responde él. Ambos comparten un beso y ella le pregunta sugerentemente si quiere volver al hotel. “¿Por qué no nos quedamos aquí, como hacíamos antes?” invita el pícaro liberal. “Seamos civilizados, Paul” pide su circunspecta esposa.

El vengador anónimo

Ese es Paul Kersey, el protagonista de El Vengador Anónimo (1974). Alguien decente, suficientemente joven como para recordar sus días de aventuras y ser liberal, pero

“La gente bien va a tener que trabajar aquí y vivir afuera de la ciudad” advierte el reaccionario. “¿La gente bien es la gente que tiene dinero para vivir en las afueras, verdad?” pregunta Paul, consciente de las dificultades de los más pobres. Su amigo contrargumenta que los pobres son todos chorros y habría que ponerlos en campos de concentración (literalmente, alguien escribió esa respuesta). Paul decide no discutir más: sabe que la conversación no va a llegar a buen puerto y decide que, aunque no comparte, es mejor respetar al otro. Paul: el liberal respetuoso.suficientemente viejo como para comportarse y no molestar a los vecinos. Sin embargo, los días de liberalismo y playa no tardan en terminar. Paul regresa a Nueva York y en el trabajo, un compañero de laburo facho (todos tenemos alguno) le advierte que la ciudad es una jungla.

Por supuesto, este liberal debe morir para que nazca el Vengador Anónimo. ¿Y cómo muere? De la misma forma que mueren los argumentos de aquellos que se oponen a la implantación de las medidas más duras y represivas contra los criminales: Paul el liberal muere cuando la inseguridad lo alcanza de forma personal.

Su esposa y su hija van al supermercado, hacen las compras y cometen el crimen pequeñoburgués de pedir que les lleven las bolsas a la casa. Ahí aparece Jeff Goldblum, interpretando a “Freak #1”, su primer crédito cinematográfico. Goldblum y otros freaks consiguen la dirección y siguen a las dos mujeres hasta su apartamento. Allí intentan robarlas: como no tienen dinero (los freaks agarran las carteras de las mujeres pero no registran la casa: la inseguridad a veces es irracional) matan a la madre y violan a la hija. Paul el liberal muere junto a su esposa: su hija queda loca y la encierra en un manicomio, y decide convertirse en el Vengador Anónimo.

Vengador anónimo

Freak #1 haciendo lo que hace mejor: freakear.

Este es el mejor momento para aclarar algo: los freaks que mataron a la esposa y violaron a la hija de Paul no aparecerán de nuevo en ninguna de las películas. Más allá de que la policía, mostrada todo el tiempo como avasallada e incompetente, no es capaz de encontrar a estos criminales, Paul no intenta rastrearlos.

Cualquier criminal va a servir para saciar su sed de venganza: esto no es personal, es por principios. A medida que crece el dolor, cuando llegan las fotos reveladas de las vacaciones, con su esposa posando en la playa, por ejemplo, Paul comienza a darse cuenta que no quiere justicia, no quiere retribución: necesita algo más.

Es difícil saber qué es lo que quiere el Vengador Anónimo. Probablemente tenga que ver con los viejos valores del lejano oeste estadounidense. En una escena, Paul viaja a una de esas pequeñas ciudades hollywoodenses que imitan a un pueblo del lejano oeste y ve a unos actores haciendo de maleantes que, haciéndose pasar por gente honesta, le tienden una trampa al sheriff. En otra escena, un hombre le dice a Paul que en Arizona hay poco crimen: como todos están armados los maleantes saben que si se meten con el hombre equivocado pueden comerse un balazo. Finalmente, conversando con su yerno, que le pide que se mude fuera de la ciudad, lejos de la inseguridad, Paul le pregunta cuál es el futuro de una sociedad cuya única respuesta al miedo es huir o esconderse.

Vengador anónimo

Todo está dicho. Paul consigue un arma y comienza a pasear por la ciudad de noche, dispuesto a disparar contra todos los que rompan la ley. Y en la Nueva York de El

Obviamente Paul no está interesado en detener crímenes: los busca, los incita, como las prostitutas que detienen a los hombres en la calle y les ofrecen sus servicios. Paul va a las peores partes de la ciudad sabiendo que un adulto blanco y bien vestido sí o sí será asaltado. Y los mata a todos. Sin frases graciosas antes o después de las muertes: esta no es una película de acción como las de los ochentas, donde los malos se volvieron caricaturescos y la muerte superflua: es una catarsis pura y dura, una limpieza de casa, de clase y de raza.Vengador Anónimo hay asesinos, ladrones y violadores escondidos literalmente en cada sombra. De hecho, es difícil entender cómo en una ciudad con tanto crimen gratuito Paul sobrevivió tanto tiempo. En menos de media hora desfilan aproximadamente diez escenas consecutivas de inseguridad: desde latinos y negros robando blancos en callejones oscuros hasta irlandeses drogadictos armados con navajas; emboscadas elaboradas por tres personas hasta atracos cometidos casi por impulso, sin interés en llevarse nada, sólo para causar daño.

De las incontables escenas en las que Paul sale a buscar bandidos para balear, la más fuerte no es ninguna en las que lo logra, sino en El Vengador Anónimo 2, donde en un momento Paul se encuentra con un grupo de jóvenes punks en una plaza y les pasa por al lado, lentamente, incitándolos a sacar sus navajas y pistolas para intentar robarlo y vejarlo, y la pandilla de menores infractores se lo queda mirando extrañada. Un coitus interruptus que deja una sensación extraña en el espectador: de pronto descubre que disfruta, necesita y quiere que haya una inseguridad rampante. Sin ella nada tiene sentido.

Vemgador anónimo

Sobre este punto vale la pena recordar una de las escenas más memorables de El Vengador Anónimo 4, donde Paul acorrala al número uno de la distribución de drogas entre los jóvenes. Un hombre grande, es increpado por nuestro Vengador Anónimo. “Yo no los obligo a drogarse: es su decisión” argumenta. “¿Es el mercado? ¿Si tu no les das las drogas alguien más lo hará?” pregunta cínicamente Paul. “¿A cuántos niños mataste con esta basura?” continúa Paul, y procede a llenar al narcotraficante de plomo.

En esa escena hay tres cosas ciertas: primero, los niños en el mundo de El Vengador Anónimo quieren drogarse, son malos; segundo, existen hombres que les dan la droga, también son malos; y tercero, los narcos deben morir. Paul, al reconocer que el narco en cuestión es uno más de los cientos que están dispuestos a darles droga a los niños, demuestra que entiende que matarlo no resuelve nada. Los niños no van a dejar de querer drogas y los narcos a dejar de dárselas. ¿Pero eso va a hacer que Paul baje la pistola y se una a una ONG? No. Sería un embole para todos los involucrados: Paul dejaría de ser un héroe de acción y pasaría a ser uno más, no tendría razón de ser, el narco desaparecería lenta e ignominiosamente a medida que pierda clientela y los niños entiendan que la droga es mala, y nosotros, los espectadores, nos aburriríamos. Analizar contextos complicados y solucionar problemas de fondo no es sexy, balear narcos sí.

Otra cosa que es sexy: el baile de los golpes y la inseguridad del Freak #1.

Otra cosa que es sexy: el baile de los golpes y la inseguridad del Freak #1.

En la primera entrega de la serie, las acciones del Vengador Anónimo inspiran a otros: desde una vieja que agarró a bastonazos a unos chicos que iban a robarla, hasta un grupo de obreros de la construcción que agarraron a patadas a un punga y le rompieron todos los huesos. No sólo eso, sino que las estadísticas de robo han bajado considerablemente. Efectivamente, los ladrones se pasaron al bando de los que creen que la calle ya no es segura. Y ahí comienza a ir en picada.

Paul va a seguir matando y matando: las autoridades están contentas con la baja de criminalidad pero no pueden dejar que Paul haga su trabajo. Hay política de por medio. Primero intentan “asustarlo” con algunas llamadas amenazantes y una golpiza, pero eso no detiene a Paul. Finalmente, en un tiroteo con unos chorros, Paul resulta herido y termina en el hospital. El jefe de policía le ofrece un trato: “Váyase de Nueva York y no vuelva, si hace esto no va a pasar nada”. Cual cowboy, Paul pregunta: “¿Tengo que irme del pueblo antes que caiga la noche?”

vengador anónimo

La película termina con Paul en Chicago. Ve a unos jóvenes molestando a una mujer, tirándole las bolsas y riéndose de ella. Paul se acerca, ayuda a la mujer y apunta a los chicos con su dedo índice, imitando un arma y sonriendo. De ahí en adelante, sabemos cuál es el destino del Vengador Anónimo: ir de ciudad en ciudad, limpiarla hasta el punto en que las autoridades liberales comiencen a perseguirlo y pasar al siguiente pueblo del lejano oeste.

vengador anónimo

Las películas del Vengador Anónimo nos dejó muchas cosas. Para empezar, una primera entrega que es una buena película de acción, con una actuación convincente de Bronson y una dirección inteligente de Michael Winner. Winner es recordado, entre otras cosas, por dirigir Lawman (1971), un western donde Burt Lancaster protagoniza a un sheriff solitario encargado de traer a unos bandidos a la justicia, y ya había trabajado con Bronson en The Mechanic (1972), donde este encarnaba a un asesino metódico y silencioso. Claramente era el hombre indicado para dirigir El Vengador Anónimo.

Por otra parte, la serie en general, pero más que nada su primera entrega, nos pinta de manera sobresaliente todos los temores y las fantasías de poder de la clase media blanca en las metrópolis. Los jóvenes y las personas de otras razas son enemigos, nunca víctimas (si bien los directores de las secuelas intentaron añadir más malos blancos y víctimas asiáticas o latinas). La policía no puede o no quiere hacer nada, y los pocos que sirven para algo son los cómplices que informan o protegen al 

Vengador Anónimo. Los políticos o periodistas son liberales que se escandalizan por hacer lo que debe hacerse. Esto planteó un gran debate entre la crítica, los espectadores y otros realizadores audiovisuales. Alcanza con darse una vuelta por Rotten Tomatoes para ver que la mayoría de las reseñas alaban la actuación y la estética de la primera película, pero condenan “su mensaje”. Es decir, no hay una reseña donde el crítico no se vea obligado a aclarar que cree que la justicia por mano propia es mala, y en muchos casos sencillamente se califica a la serie de “incitación venenosa a la violencia” o “propaganda para la posesión de armas”.

Para terminar, y volviendo a los méritos de la serie, la primera entrega cuenta con una banda sonora a cargo del genial Herbie Hancock y la segunda con una del inmortal Jimmy Page. Completamente setenteras, urbanas y con un aire misterioso, ambas bandas sonoras están para chuparse los dedos, y en el caso de una de las composiciones de Page, se convirtieron prácticamente en un himno al Vengador Anónimo.

Por el Hombre Sandía