«. . . Lo que reclama nuestro fútbol es muy simple, conocerle el pulso a sus hijos, estar a la par de su nivel sentimental, de sus sueños, de sus hábitos y debilidades. Tener la suficiente autocrítica y reconocer que transitó caminos equivocados. Comprender que somos un fútbol heterogéneo, gozadores y sufridores «, con realidades diferentes, que no puede darse el lujo de dejar gente por el camino ni cerrarle la puerta a otras realidades. ¿ Cuál es nuestra obligación? : nada más que tratar de inventar cada día nuestros propios lugares comunes. Con aquellos que están de este y del otro lado del mostrador. . .»

Editorial Sin Barrera 2/10

por Sin Barrera